Una experiencia inmersiva con videomapping, cocina de raíz y un tamal de maíz azul estelarizado por chapulines, chicatanas y escamoles de Mixtécatl. Relato de la noche, técnicas, maridajes y cómo integrar estos ingredientes a menús profesionales.
Viaje al Mictlán, del fuego a la mesa
La sala bajó la luz, las paredes tomaron movimiento y, al ritmo de la narración ritual, la noción del tiempo se hizo pequeña: Santuario propuso una travesía que honró a México desde sus raíces, una cena donde el videomapping y la ambientación sonora acompañaron cada servicio, mientras la cocina del chef Enrique Cruz guiaba a los invitados por un camino de símbolos, memoria y sabor. No fue un espectáculo aislado de la mesa, fue mesa y relato a la vez, una coreografía que puso a dialogar tradición, técnica y emoción.
En ese contexto, nuestros Chapulines, Chicatanas y Escamoles Mixtécatl no fueron un guiño exótico, fueron la voz del territorio, tratados con respeto y precisión para que su carácter apareciera en el momento justo. El resultado fue una experiencia que unió misticismo, fuego y cultura en un mismo altar, con un hilo conductor claro: ingredientes de raíz, bien contados.

El tamal de maíz azul, un escenario para lo esencial
“El tamal me devolvió a la cocina de mi abuela, pero con un final nuevo: el toque de chicatana, el escamol sedoso y el chapulín crujiente hicieron que cada bocado fueran una parte distinta de la historia.” — Ana Luisa, comensal invitado
El segundo tiempo llegó envuelto en hoja, fragante, con la calma de las cosas importantes. Tamalli Tlalli, el tamal de tierra, se montó sobre maíz azul y abrió espacio a tres presencias que no compiten, se acompañan: la untuosidad de los escamoles, la nota tostada de la chicatana y la crocancia limpia del chapulín en cantidad medida. No hubo artificio, hubo equilibrio, ese punto donde el maíz sostiene y los acentos cuentan de dónde vienen.
Cocinar así exige criterio: grano con personalidad, cocciones que respetan textura, sazonadores que realzan sin cubrir. El maíz aporta estructura y sentido de hogar, los escamoles dieron una profundidad, la chicatana sumó esa sombra ahumada que alarga el bocado y el chapulín cerró con chispa, como si el comal dejara su firma al final. Los brebajes de la noche no buscaron esconder, buscaron acompañar. Preparaciones con hierbas, cacao y cítricos suaves dialogaron con los tiempos, de modo que la grasa noble de los escamoles encontrara su contrapunto, que la acidez amiga limpiara el paladar y que las notas tostadas de chicatana y chapulín conservaran su nítida primera impresión. El maridaje fue puente, no protagonista, y eso se siente en la memoria de quien asiste: queda el recuerdo de un conjunto, no de piezas sueltas.

¿Qué se necesita para que estas cenas brillen?
Producto con historia
No hay buena narrativa sin buen insumo. En Mixtécatl, colaboramos con productores que dominan recolección y manejo, desde el tostado parejo de chicatana hasta el cuidado en la cadena de frío para escamoles. Esta consistencia facilita la mise en place y sobre todo, asegura que el comensal reciba nuestra promesa: sabor limpio, textura correcta y una experiencia que se sostiene servicio tras servicio.
Técnica que respeta el origen
La clave es no complicarse. La chicatana agradece el tatemado que despierta su perfume, el escamol pide calor suave y medio graso que lo abrace, el chapulín luce cuando es acento. En el tamal de maíz azul la suma fue armónica porque cada elemento ocupó su lugar, algo que cualquier cocina puede replicar si el orden y la medida están claros.
Relato breve y honesto
El comensal valora entender lo que prueba, sin discursos largos. Bastan dos líneas en carta o una explicación corta en mesa para situar el ingrediente, su temporada y su función en el plato. Cuando ese relato coincide con lo que llega al paladar, la experiencia se vuelve creíble y digna de ser compartida.
Ideas para integrar chapulines, chicatanas y escamoles a tu menú
- Un tamal de maíz azul con escamol al natural, punto de chicatana en salsa breve y chapulín como cierre crujiente.
- Crema tibia de calabaza con mantequilla de chicatana, donde una cuchara perfuma sin saturar.
- Tostada de maíz con frijol bien sazonado, láminas de rábano y un trazo de salsa de chicatana, más chapulín en la orilla para que el primer bocado sorprenda.
Cada aplicación cambia el lenguaje del plato, pero todas comparten la misma intención: identidad sin ruido, técnica precisa y respeto por el producto.

Lo que aprendimos en Santuario y por qué importa
“Trabajar con Mixtécatl nos dio tranquilidad desde la planeación: ingredientes con ficha técnica clara y un acompañamiento real en pruebas y montaje. Ajustamos tostados, tiempos y el día del evento, estuvieron presentes. Esa confianza se siente en cocina, como cliente y llega tal cual a la mesa.” — Chef Miguel Regalados.
Para Hoteles, Restaurantes y Cocinas que buscan diferenciarse, este es el camino: seleccionar insumos con origen claro y diseñar platos que dejen hablar al ingrediente de modo que cada servicio sea una oportunidad para enamorar al comensal y mejorar la conversación alrededor de la mesa. Una cena inmersiva funciona cuando el contenido del plato está a la altura de la forma y la sazón cuentan la misma historia. Santuario lo demostró con el viaje al Mictlán y lo hizo poniendo al centro lo que nos convoca: ingredientes de raíz que, bien usados, conmueven.
¿Quieres llevar un tamal de maíz azul con Chapulín, Chicatana y Escamol a tu carta de temporada, o diseñar un servicio con identidad de origen?
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